La zona está a merced de un combo explosivo: suelos húmedos, crecimiento inmobiliario sin planificación y falta de servicios. Hay estudios que advierten sobre una importante reducción de las zonas agrícolas en Guaymallén
Una laguna en el patio de la casa o un lote baldío inundado es cada vez más común en zonas semirrurales y rurales del Gran Mendoza, como en Los Corralitos, Guaymallén. A menos de 15 kilómetros de la capital mendocina, se puede observar una importante humedad en los suelos, no tanto en los campos cultivados, sino en casas particulares, terrenos incultos o lotes. En una casa de Colonia Molina, sobre la calle Miralles, con generoso terreno, que está en venta, un inoportuno cauce de agua ha aparecido en el fondo de la propiedad. Es expresión del afloramiento que se observa en un sinnúmero de sitios del llamado cinturón verde del área metropolitana. Este fenómeno de las napas subterráneas que alcanzan la superficie, comúnmente llamada revenición, no es nuevo en la zona, pero sí es un problema que se agrava, especialmente con el crecimiento poblacional. El tema está en estudio, ya que por el fenómeno mencionado, la población de estos sitios cuenta con pozos sépticos construidos en forma horizontal y sueña con la anhelada obra de cloacas, que demanda una gran inversión. Científicos, inspectores de cauces, agricultores y pobladores advierten que una vasta zona del norte de Guaymallén, partes de Maipú y también de Las Heras, corren riesgo de perderse si no se apunta a la conservación exclusiva de esos suelos para fines agrícolas. Es una de las conclusiones a las que arriba un informe técnico elaborado por la Asociación 3ª Zona de Riego del Río Mendoza, basada en Kilómetro 8, y también el tema formó parte de una disertación que recientemente ofreció en esa sede el ingeniero Gonzalo Ortiz Maldonado, jefe del Departamento Drenaje de Irrigación. Algo similar planteó Ángel Gallardo, coordinador del programa Regional Hortícola del INTA (ver suplemento Fincas del sábado 15). Los "cinturones verdes", también denominados áreas de "agua de surgencia", son privilegiadas zonas del norte provincial, con horticultura intensiva (2 cultivos anuales en los mismos m2, con productos especiales como lechuga, acelga, espinaca, zanahoria, tomate, zapallitos, ajo y camote), en cercanías de centros poblados, con superficies de entre 2 y 6 hectáreas e instalados sobre acuíferos confinados. Es lo que ocurre en Colonia Segovia, Los Corralitos, Puente de Hierro y La Primavera, de Guaymallén; en algunos puntos de Maipú y hay algo también en Las Heras. Los acuíferos confinados proveen agua permanente, barata y con un mínimo de intervención del Estado (Departamento General de Irrigación). El ingeniero Ortiz Maldonado, quien además es docente de la cátedra de Hidrología Agrícola de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, señala que esas zonas son "oasis muy húmedos, con casas construidas sobre terraplenes, hornos sobre estacadas, que disponen de sangrías y cauces con uso dual (riego y drenaje)". En épocas pasadas era una importante microrregión productora de frutas, verduras y hortalizas. Y lo sigue siendo, pero achicada y en peligro, con aproximadamente 7.000 hectáreas, concentradas en unas 3.500 parcelas. El informe de la 3ª Zona de Riego, Jorge López y otros miembros de esa estructura de control de riego, describe que "la disminución del territorio agrícola, a unos 20 kilómetros del centro de la capital, se debe a la atomización de la tierra, la baja y nula rentabilidad para los pequeños productores, y el cambio generacional, entre otros factores, que han provocado en primer lugar el abandono de propiedades y luego un acelerado fraccionamiento hacia la residencia rural y el cambio de uso de la tierra". El avance de fraccionamientos y loteos (son tierras baratas, en principio) resulta exponencial, insertándose en zonas generalmente no aptas para las fundaciones edilicias, con una napa freática que el ingeniero Ortiz Maldonado ubica entre los 0,80 m y 1,2 m de la superficie en la actual realidad de un año hidrológicamente pobre, a veces con tosca en el subsuelo donde se producen 'sumideros' que luego afectan las construcciones, lugares bajos que carecen de adecuado saneamiento, y otros con deficiencias de servicios. Combinación de factores En general, esta microrregión presenta agua subterránea (área de surgencia), agua superficial (sometida al turnado por parte del DGI), agua potable con red de distribución, pero carece de red de alcantarillado, y por lo tanto en diversos sectores los efluentes afloran en patios de colegios (esto se vio alguna vez en la Escuela Agraria de calle Severo del Castillo) y en otras instalaciones. Ortiz Maldonado explica que una de las razones de ese grave inconveniente tiene que ver con la imposibilidad de construir pozos sépticos en profundidad por las cercanías con el nivel freático, debiendo hacerse en forma horizontal. Este especialista y otros del sistema científico local, se definen para que estas áreas hortícolas se preserven como fuente de provisión de alimentos para la población (cercana y mercado interno). Ocurre que la calidad de las áreas es excelente por provenir de acuíferos confinados, que son de escasa vulnerabilidad a la contaminación, como principio teórico, ya que se observan elementos perjudiciales como los asentamientos poblacionales sin sistema cloacal, resultando lógico suponer que se están contaminando las napas. Reclama la construcción del sistema cloacal para la región, con una red de alcantarillado que conecte con la planta de tratamiento de efluentes de Paramillos. Nadie los niega, es una obra que demandará una gran inversión. Mientras tanto, Luis "Lucho" Gómez Echeverría, de Colonia Segovia, quien sigue activo a sus 81 años cuidando su chacra y su viña, y "luchando contra las inundaciones y la contaminación del canal Pescara".
Fuente: Los Andes |