En ella, jóvenes y niños de la zona podrán aprender a bailar hip-hop, a rapear, a pintar grafitis y a realizar destrezas con bicicletas y skates
Durante la tarde de ayer, el Club Social y Deportivo Pedro Molina, ubicado en el corazón de esa populosa barriada, se vistió de fiesta para presentar en sociedad parte de lo que a mediados de febrero se transformará en la Escuela de Culturas Urbanas. Así, por más de seis horas, las instalaciones del club se convirtieron en improvisados escenarios, donde compitieron más de cien jóvenes de diversas edades a fin de demostrar ser los mejores en sus disciplinas y artes. Entre las categorías destacaban break dance, hip-hop, rap, pintadas en grafitis, canto, destrezas en bicicletas cross (bickers) y patinetas o skates (skaters). La realización de este evento que despertó la atención de muchos jóvenes, niños y adultos del barrio Pedro Molina –zona denominada conflictiva– de Guaymallén es el puntapié inicial de lo que a mediados de febrero será la Escuela de Culturas Urbanas de Guaymallén y que funcionará simultáneamente en el Club Pedro Molina y en el Club Ideal, de Colonia Segovia.
Todos los interesados de ambas zonas, que tengan más de 6 años y sin límite de edad, podrán aprender técnicas e historia de todas estas expresiones artísticas y culturales. Lo mismo ocurre con los deportes de destreza como los que practican bickers y skaters. La iniciativa es un esfuerzo conjunto de la Cooperativa de Hip-Hop y de la Coordinación de Relaciones con la Comunidad de la Comuna de Guaymallén.
COOPERATIVA DE HIP-HOP. Una de las patas sostén de este proyecto que pronto verá la luz en las tierras de la Media Luna es la Cooperativa de Hip-Hop, un proyecto realizado por ocho integrantes que decidieron agruparse para rescatar a otros, como fueron salvados ellos de tristes destinos de calle y exclusión social. Así, fue como, asociados en una cooperativa, incluso hasta recibieron ayuda económica de la UNCuyo para llevar adelante su proyecto. “No sabíamos como llamarnos, asociación o sociedad era muy frío, buscábamos algo que hablara de nosotros, y lo que queríamos era cooperar, ayudar a otros para que se dieran cuenta de que, a través del arte, del baile, del canto podían encontrar alivio a sus dolores y elegir una vida mejor”, afirmó emocionado, Nicolás Nicky Yacante (35), profesor de break dance y miembro de la cooperativa.
Nicky, como se lo conoce en el ambiente hiphopero, baila desde los 13 años y su escenario preferido es la calle, las esquinas con los chicos que hoy viven la agreste realidad que a él ya le tocó vivir. “Cada chico es una historia. Lo importante es demostrarles que hay otro camino, y una vez que empiezan, vos sabés y ellos saben que un chico que aspira pegamento, que aspira cocaína o fuma marihuna no cuenta con el estado físico necesario para bailar hip-hop, breack dance o para ser bickers o skaters. Muchos empiezan se copan y por obligación van dejando lo que les hace tan mal”, detalló el bailarín.
DE COLOR LATINO. Para los hacedores del hip-hop en Mendoza, uno de los primeros prejuicios a vencer es la idea popular sobre que esas expresiones artísticas son foráneas y, lo que es peor, de referencia americana o yanqui. “Muchos nos dicen que les lavamos la cabeza a los chicos con ideas yanquis, sin saber que los exponentes más importante del género son puertorriqueños y cubanos. Quizás, el movimiento nació en los 80 con Michael Jackson pero se extendió y cundió más en América latina que en cualquier lugar.
Incluso, le dimos tinte latino, y las problemáticas que se cantan o cuentan y hasta bailan son comunes a todos los países que padecen pobreza y exclusión”, justificó Nicky. De este modo, cientos de jóvenes movilizados por la destreza de movimientos, por la perfección de los pasos y la concentración de sus coreografías, olvidan por breves instantes sus historias tristes y se animan a mostrarle al mundo que, llegados de cientos de esquinas del barrio Pedro Molina, tienen algo para mostrar y merecen el aplauso. El proyecto Escuela de Culturas Urbanas cuenta con un presupuesto de 80.000 pesos enviados desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación para comenzar a funcionar. Su duración será de diez meses y contendrá a unos 300 jóvenes de Guaymallén.
Fuente El Sol |