| Una mujer fue al Átomo a comprar jabón y terminó abusada por el guardia de un supermercado |
|
| San Francisco del Monte |
| Lunes 29 de Marzo de 2010 14:25 |
|
Una mujer, profesional, residente en las cercanías de un supermercado ubicado en Elpidio González y Urquiza de Guaymallén, denunció abusos en la Fiscalía ubicada en la Comisaría Novena de Villa Nueva.
Fue acusada de robo y abusada por un guardia de seguridad del comercio. Aquí, la dramática historia de una mujer que todavía no puede creer lo que le pasó y que reclama justicia. Podría haber sido una mañana más entre tantas. Pero Silvia (digámosle así, para preservar su identidad) vivió la más oscura de su existencia. No bien pagó las escasas compras que hizo en el supermercado ubicado en Urquiza y Elpidio González de Guaymallén, casi en el límite con Maipú, palpó su bolsillo para cerciorarse de tener las llaves de su camioneta. Allí estaban. Repentinamente, un guardia de seguridad la tomó por el hombro y frenó su apuro por volver a la casa, en donde la esperaban sus pequeños hijos, solos. A partir de allí, una historia de terror. La llevó a un cuarto en penumbras y le exigió que devolviera lo robado. “¿Qué?”, preguntó ella, sorprendida, ya que ni siquiera sintió que sonara alarma alguna. “Lo que robaste. Sé que trabajás en combinación con aquel…”, le dijo, a los gritos, aquel hombre de gran contextura física, señalando a un cajero al que, evidentemente, le tenía bronca. A un costado había un mesón con mercadería. El cuarto –según el relato de la víctima- “era pequeño y oscuro”. El guardia le pidió que le entregara las llaves de su camioneta, que se desvistiera, que le mostrara en dónde escondía lo que presuntamente se estaba llevando. Ella no podía dar crédito a lo que estaba pasando y le pidió llamar a su casa, ya que se había dejado el celular, en el apuro. Quería saber cómo estaban sus hijos. Pero el guardia no cedió e insistió: “Sacate la ropa”. Pensó que la subiría a su camioneta y la secuestraría. pensó también que allí mismo la violaría. Su destino no fue mejor. La mujer se resistía y explicaba que no tenía nada que ver, que seguramente se trataba de una confusión. Llorando y sin que nadie se percatara de lo que pasaba, pidió que llamara a la policía. Él la amenazó, para que se desvistiera, con ese mismo argumento. “Mirá que llamo a la cana…”, le habría dicho. Ese fue el único salvoconducto que la víctima encontró. Pero mientras tanto, la tortura, la privación de su libertad y el abuso. Sin ropas, sufrió los manoseos y hasta la que jugara con una prótesis que la mujer posee por la extirpación de un pecho. Llorando y desnuda la encontró la policía, que inmediatamente se percató de cómo sucedieron los hechos ya que el hombre tendría otros antecedentes similares. Así y todo, la mujer que iba a comprar “dos cositas y vuelvo”, como le había dicho a sus hijos, terminó en la Comisaría Novena, hasta las 3 de la tarde en que fue liberada. El viernes fue a declarar, pero no pudo hacerlo por el paro judicial. Hoy sí lo hizo y aun pudo mostrar los moretones que le quedaron como marcas tras el manoseo del que fue objeto. Desde ahora, la acusada de un robo que no fue es la acusadora de un abuso que la marcará de por vida y que, según dicen sus defensores, "le podría haber pasado a cualquiera". Fuente MDZ |